La misma importadora y distribuidora que aparece en el resto del sitio: Odoo operando, ocho años de historia. Ningún dato viene de un cliente real.
La queja con la que empieza todo: el informe comercial del mes cierra en un número y el estado de resultados en otro, y la diferencia cambia cada mes. Nadie miente; nadie sabe explicarlo.
Lo que encuentra la radiografía. El informe comercial sale de una hoja de cálculo que alguien exporta el día dos, con corte al último día del mes y sin restar las notas de crédito emitidas después del cierre. La contabilidad corta el mismo día pero sí las resta. Las devoluciones que el operador logístico reporta entran por un archivo que se pega a mano una vez al mes, y el mes que ese archivo llega tarde entra en el mes siguiente. Tres caminos, tres cortes distintos, y una copia a mano en el medio.
El orden que se propone. Primero se escribe la definición y se acuerda un solo corte, porque eso no cuesta dinero y quita la mitad de la diferencia. Después se elimina la copia a mano del archivo del operador logístico, que es la que rompe el mes en silencio. Y solo al final se automatiza el resto, cuando ya se sabe qué se está automatizando.
La tubería que queda. Tres fuentes: el ERP, el archivo del operador logístico y la hoja de cálculo de precios de lista que todavía vive fuera del sistema. Carga diaria a las seis de la mañana, reintentos si el origen no contesta, control de filas esperadas y de duplicados, y aviso por correo cuando algo se detiene, con lo que se esperaba y lo que llegó.
Y la prueba que la cierra. En la entrega se recalcula delante de usted la venta del mes desde el origen y tiene que dar el mismo número que el informe. Si no lo da, se corrige antes de cobrar la segunda mitad. Con eso, la cifra deja de depender de quién la saque, que es todo lo que se estaba comprando.