Tres partes: una introducción al oficio, los pasos para construir una estrategia y el montaje del negocio, con infraestructura, intermediario y programas. El autor cuenta que empezó en futuros y terminó operando divisas, y aclara al principio que no recomienda ningún intermediario ni cobra comisión por mencionarlos, lo que en este género ya es una señal a favor.
Qué sobrevivió
Los dos capítulos sobre validar una prueba contra datos históricos y sobre saber si una estrategia es robusta. Describen con precisión el mecanismo del autoengaño: probar contra el pasado, ajustar los parámetros hasta que el resultado guste, y confundir ese resultado con una predicción. El autor lo cuenta desde su propia experiencia de principiante, sin adornarlo.
Es la misma trampa de un piloto diseñado por quien necesita que funcione. De ahí el criterio que aplico: los criterios de éxito se escriben antes de encender nada, en una frase que se pueda comprobar, y conviene que los escriba alguien a quien no le convenga el resultado.
Y la gestión del riesgo entendida como decisión previa: cuánto se puede perder en cada intento se decide antes del intento, no cuando ya se está perdiendo. Trasladado a una empresa, cuánto tiempo y cuánto dinero puede costar una prueba sin que duela es una conversación que hay que tener al principio.
Qué dejé fuera
Las otras dos terceras partes: elegir intermediario, plataformas, programas de análisis, el montaje del negocio de divisas. Ni es mi campo ni se traslada a nada de lo que hago. Y el género completo pide desconfianza por un motivo estructural: quien tiene una estrategia que de verdad funciona no tiene ningún incentivo para explicarla en un libro.