El libro enumera diecinueve maneras distintas de conseguir clientes —desde publicidad y posicionamiento hasta ferias, eventos, alianzas, programas de afiliados o construir una herramienta gratuita como forma de mercadeo— y propone un método para elegir: considerarlas todas, quedarse con unas pocas prometedoras, probarlas barato y concentrarse en la que funcione.
Qué saqué de él
El paso que parece burocrático y es el que hace el trabajo: obligarse a pasar por la lista entera. La mayoría considera dos o tres canales, que son los que ya conoce o los que usa su competencia, y descarta el resto sin mirarlo. Recorrer los diecinueve toma una hora y siempre aparecen dos que uno no había pensado.
La disciplina de probar barato antes de comprometerse. La pregunta de la prueba no es si funciona sino cuánto cuesta conseguir a una persona por ahí, y esa cifra se puede estimar con poco dinero. Lo que no se puede es decidir con la intuición y darse cuenta tres meses después.
Y la regla de repartir el tiempo entre construir el producto y conseguir clientes, en partes comparables. Escrito así parece exagerado hasta que uno revisa en qué se le fue el mes.
Qué dejé fuera
Los capítulos de cada canal, que son entrevistas resumidas y no enseñan a ejecutar nada. Quien quiera hacer publicidad en buscadores o correo necesita un libro dedicado; estos capítulos alcanzan para saber si vale la pena mirar, no para hacerlo. Y el libro está escrito para empresas emergentes que buscan crecer rápido con inversión detrás: quien trabaja solo tiene que descartar de entrada los canales que requieren equipo, y con eso la lista se reduce a menos de la mitad.