Orosz fue gerente de ingeniería en empresas grandes y escribe desde el lado que descarta: explica cómo se mira realmente una hoja de vida, cuánto dura esa mirada y qué la hace sobrevivir a ella. Desarma de paso varios mitos sobre los sistemas automáticos de selección, que resultan ser bastante menos determinantes de lo que se repite.
Qué saqué de él
La diferencia entre responsabilidad e impacto. Decir que uno estuvo a cargo de un módulo no dice nada; decir qué cambió porque uno estuvo, con la cifra o el hecho al lado, lo dice todo. Es exactamente el mismo problema de una propuesta de servicios: la lista de lo que se va a hacer no convence a nadie, convence la descripción de en qué queda la empresa después.
La regla de escribir para quien lee y no para uno mismo. Si el documento lo va a mirar alguien durante unos segundos, la primera pantalla tiene que decir qué es esto, y el detalle vive más abajo para quien quiera bajar.
Y el ejercicio que propone al final, escribir dos versiones distintas del mismo documento para dos destinatarios distintos, que hace evidente cuánto de lo que uno escribe es relleno que no le importa a ninguno de los dos.
Qué dejé fuera
Casi todo el contenido específico: estructuras para recién egresados, cambios de carrera, perfiles de liderazgo técnico. No es mi caso y no pretendo que lo sea. El libro además lleva la fecha puesta en el cuerpo: tiene un capítulo entero dedicado al mercado laboral durante la pandemia, que era lo urgente cuando se escribió y hoy se salta. Lo que se sostiene es la parte de cómo se escribe algo que alguien va a leer con prisa, y eso no depende del año.