El informe recoge una encuesta hecha entre abril y junio de 2025 a quinientos cincuenta y seis directivos de instituciones financieras de una veintena de países, con más de cien empleados y facturación por encima de diez millones. Reporta cinco áreas donde declaran resultados —productividad, experiencia del cliente, crecimiento, mercadeo y seguridad— y dedica la segunda mitad a los agentes: algo más de la mitad dice tenerlos en producción, y casi la mitad destina más de la mitad de su presupuesto futuro a eso.
Qué saqué de él
El detalle que decide cómo se lee todo lo demás está en una nota al pie: salvo indicación en contrario, las cifras corresponden solo a quienes ya usan esta tecnología en producción. Eso no invalida el dato, pero cambia la frase: no es que tres de cada cuatro empresas obtengan retorno, es que tres de cada cuatro de las que ya lo implantaron dicen que lo obtienen. Desde entonces, cuando un cliente me llega con una cifra de un informe, lo primero que busco es a quién se le preguntó.
Lo que sí aprovecho son las preguntas, que están transcritas literalmente en las notas. Sirven tal cual para una conversación de diagnóstico, y están mejor formuladas que la mayoría de los cuestionarios que circulan.
Y una cifra que sí es útil como referencia de expectativa: el tiempo declarado entre la idea y el uso en producción se mide en meses, no en semanas.
Qué dejé fuera
Las conclusiones y los casos de clientes, que son material de venta del proveedor. Y una advertencia general sobre el género: un informe donde el retorno es declarado por el directivo que aprobó la inversión mide entusiasmo, no rentabilidad. Se lee por las preguntas y por la metodología, no por los porcentajes de la portada.