Es un libro clásico de su editorial y va por partes: la composición y la retícula, el color y su teoría, la textura, la tipografía y las imágenes. Cada capítulo desarma sitios reales para mostrar por qué funcionan, y ese ejercicio es el que justifica la lectura.
Qué saqué de él
El vocabulario. Poder decir que una página falla por falta de contraste jerárquico, o que el problema es el ritmo vertical y no el color, cambia una conversación que de otro modo se queda en que algo se ve raro. Con clientes y con desarrolladores, tener el nombre exacto de lo que está mal ahorra dos reuniones.
La teoría del color aplicada con un criterio simple: una familia de tonos, un acento y nada más. Y la explicación de por qué ciertas combinaciones cansan la vista, que es un argumento mejor que el gusto personal cuando hay que defender una decisión.
Y una idea de composición que sigue siendo cierta: el espacio vacío no es espacio perdido, es lo que hace legible lo que está al lado.
Qué dejé fuera
Buena parte, y por una razón de fecha. Esta edición es de 2014: escribe cuando el diseño adaptable a teléfonos todavía era un capítulo aparte en lugar del punto de partida, las tipografías del sistema y los tamaños relativos estaban en otra etapa, y varios ejemplos de sitios que analiza ya no existen. Para decisiones prácticas de hoy prefiero un libro posterior y más corto; este lo conservo por el capítulo de composición, que es el que menos depende de la tecnología de su momento.