Brown propone cuatro niveles —contexto, contenedores, componentes y código— y su tesis central es que la mayoría de los diagramas de arquitectura fallan porque mezclan niveles y porque nadie sabe qué significa cada caja. Un mapa sirve si se entiende sin quien lo dibujó al lado.
Qué hice con él
Ordené lo que entrego en el mapa de arquitectura. El nivel de contexto y el de contenedores son los que valen para una gerencia; el de despliegue y los diagramas dinámicos valen para quien va a operar. El nivel de código no lo dibujo nunca: envejece en una semana y ya existe, se llama el código.
Los componentes los genero desde el propio sistema cuando hace falta, leyendo los manifiestos de los módulos, en lugar de dibujarlos a mano. Un diagrama hecho a mano de lo que ya está escrito es una copia que empieza a mentir el día que alguien toca el original.
Y armé una lista de revisión antes de entregar: que cada caja tenga tipo y responsabilidad, que cada flecha diga qué viaja y en qué dirección, que la leyenda exista. Es aburrido y es lo que separa un mapa de un dibujo bonito.
Qué dejé fuera
La herramienta. Brown empuja su propio formato de texto para generar diagramas; yo uso lo que el cliente pueda abrir y editar cuando yo no esté, porque un mapa que solo se edita con una herramienta que nadie más tiene es un mapa que se congela.