Lo que hay son cuatro láminas: una portada, una lista de diez elementos en orden, un ejemplo completo con ese orden aplicado y una última lámina con el logotipo de quien lo reposteó. El orden que propone es contexto de la tarea, tono, datos y documentos, descripción detallada con sus reglas, ejemplos, historial de conversación, la petición inmediata, la indicación de pensar antes de responder, el formato de salida y el inicio de la respuesta.
Qué saqué de él
La posición de los documentos. Van arriba, antes de las instrucciones, y no pegados al final como suele hacerse. La diferencia se nota cuando el material es largo: las reglas escritas después de los datos pesan más que las escritas antes de ellos.
Que la petición concreta vaya casi al final, después de las reglas y los ejemplos. Es al revés de como uno escribe naturalmente, que es empezar por lo que quiere y explicar el contexto después.
Y lo que más me sirvió en la práctica: dejar el formato de salida para el último lugar y empezar la respuesta por uno mismo. Cuando lo que se necesita es un dato estructurado que otro proceso va a leer, esas dos cosas ahorran la mitad de los reintentos.
Qué dejé fuera
Hay que decir qué es esto: material de divulgación de un proveedor, no documentación. No explica por qué funciona el orden ni qué pasa cuando no se cumple, y una de las indicaciones que muestra —pedirle al modelo que respire hondo— ya quedó vieja, es de una época en la que esas fórmulas cambiaban algo. La copia que circula viene con la marca de una agencia de captación pegada al final, que es un buen recordatorio de por dónde llega uno a este tipo de material.