No es un libro: es un documento de tres páginas que escribí para dejar de acumular títulos sin criterio. Organiza la lectura en capas —la base de arquitectura, la alfabetización en inteligencia artificial, los patrones de sistemas con modelos, los datos y la gobernanza— y dice para qué sirve cada libro en una línea.
Qué saqué de él
El criterio de selección, que es lo único que no envejece. Los marcos y las herramientas cambian cada temporada; los libros que enseñan diseño, sistemas y gobernanza siguen sirviendo dentro de cinco años. Cuando dudo entre dos títulos, gana el que seguirá teniendo sentido cuando la herramienta que describe ya no exista.
La decisión de no meterme a entrenar modelos. Es la parte más difícil de escribir sobre uno mismo, porque hay que renunciar a algo interesante: los libros de construir un modelo desde cero son excelentes y pertenecen a otro oficio. Mi valor está en arquitectura, integración y gobierno, y una ruta de lectura que no excluye nada no es una ruta.
Y el hallazgo que más me cambió el orden: en gobernanza, el canon de verdad es gratuito. El texto del reglamento europeo, el marco de gestión de riesgos del instituto de estándares estadounidense y la norma internacional de sistemas de gestión de inteligencia artificial valen más que los libros de 2026 que los resumen. Los libros de gobernanza, en su mayoría, traducen esas fuentes a controles.
Qué dejé fuera
Un defecto propio que conviene admitir: una lista de lectura no es un plan. Es cómodo confundir el avance de haber leído con la capacidad de hacer, y esta ruta no trae ni un solo entregable asociado. La versión siguiente debería tener, al lado de cada capa, qué hay que construir para demostrar que se entendió. Sin eso, una ruta de lectura es una forma elegante de postergar.