Conviene decir qué es antes de opinar: no es un libro, es el temario oficial de una certificación. Declara lo que se espera de alguien con dos o tres años de experiencia construyendo flujos de datos, y reparte el examen en cuatro dominios con su peso: ingesta y transformación un treinta y cuatro por ciento, almacenamiento y modelado un veintiséis, operación y soporte un veintidós, seguridad y gobierno un dieciocho.
Qué me llevé
Esos porcentajes, leídos como lo que son —el criterio de un proveedor grande sobre dónde está el trabajo—, sirven de lista de comprobación fuera de su mundo. Cuando reviso cómo mueve datos una empresa, ahora miro las cuatro cosas en esa proporción. Casi siempre encuentro lo contrario de lo que el temario sugiere: todo el esfuerzo puesto en mover datos y nada en operarlos, sin nadie que se entere cuando un proceso nocturno dejó de correr.
El segundo uso es más concreto: el dominio de gobierno y seguridad da un vocabulario que en una conversación con gerencia funciona. Catálogo, linaje, ciclo de vida del dato, quién puede ver qué. Son las preguntas que nadie hace hasta que alguien pide un dato que ya se borró.
Qué dejé fuera
Todo lo demás, que es una lista de servicios de un proveedor. Un temario enseña a reconocer nombres comerciales, no a resolver problemas; memorizar cuál de dos servicios casi idénticos conviene es conocimiento con fecha de caducidad y sin valor fuera de esa plataforma. No lo leí para certificarme y no recomiendo leerlo como fuente: se lee en una tarde, se saca la estructura y se cierra.