La técnica de responder preguntas sobre los documentos de una empresa con IA funciona en una demostración casi siempre y en producción bastante menos. Este libro es el inventario de por qué, escrito por gente que lo vio caerse.
Qué hice con él
Corregí mi propia página de IA sobre sus propios datos en doce puntos. El más importante: decía que conviene empezar por la búsqueda simple y complicarla después. El libro muestra que es al revés, y que buscar por palabra y por significado a la vez desde el primer día evita rehacer el trabajo.
Adopté un umbral medible para la fidelidad de las respuestas —qué proporción de lo que contesta está efectivamente en los documentos— con una cifra por debajo de la cual el sistema no sale a producción. Antes hablaba de calidad sin número, que es lo mismo que no decir nada.
Y añadí lo que casi nadie cuenta antes de cobrar: las tablas y los documentos escaneados son el problema real, no el modelo. Un contrato escaneado torcido no se resuelve con un modelo más grande.
Qué dejé fuera
La parte atada a la plataforma de los autores. Es comprensible que escriban desde su producto; las decisiones que traduje son las que valen con cualquier herramienta.