Krug parte de una observación incómoda: nadie lee una página, la barre con la vista buscando algo que se parezca a lo que vino a hacer, y hace clic en la primera cosa razonable. No compara opciones, no optimiza, se conforma con lo suficientemente bueno. Todo el libro sale de ahí.
Qué me llevé
La prueba que aplico a cada página antes de publicarla: entrar por el medio, sin haber visto nada anterior, y comprobar que la página contesta sola qué es esto, qué puedo hacer acá y por qué acá y no en otro lado. Falla más seguido de lo que uno cree, sobre todo en las páginas que uno mismo escribió.
Conformarse antes que optimizar, aplicado a las propuestas: tres opciones bien nombradas se deciden en la reunión, siete se posponen para revisarlas con calma y no se revisan nunca.
Y probar con poca gente, a mano y temprano. Tres personas mirando una pantalla encuentran más que dos horas de discusión entre quienes la escribieron, porque quienes la escribieron ya no pueden no entenderla.
Qué dejé fuera
El capítulo de móviles es de 2014 y se nota en cada ejemplo. Y tengo un desacuerdo de fondo: «no me hagas pensar» es un principio excelente para una tienda y uno discutible para una decisión cara. Quien está evaluando cambiar el sistema de gestión de su empresa tiene que pensar, y la página no debería ahorrárselo sino ayudarle a hacerlo mejor, dándole las preguntas que todavía no sabe que hay que hacer.